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jueves, 6 de febrero de 2014

Imperialismo Arancelario Catalán y Guerra de Cuba


Vais a contribuir a la represión de una insurrección desalentada (...) a evitar la pérdida de una joya envidiada por su valor inestimable, a defender la integridad del territorio, a pelear para que España viva contra los que allí claman muera España. 
Narcis Gay, Diputado Provincial de Barcelona en la ceremonia de entrega de la bandera (española) al batallón de voluntarios catalanes con destino a Cuba.


Tras la independencia a principios del siglo XIX de las posesiones continentales americanas, Cuba, Puerto Rico y Filipinas constituían los últimos restos del antaño extensísimo imperio español. 

El más importante de ellos era sin duda la isla de Cuba. La primera tierra americana en ser colonizada, había prosperado con la producción a gran escala de azúcar y tabaco, y era considerada la colonia más rica y más floreciente en manos de cualquier potencia europea. Los movimientos separatistas que habían terminado en pocos años con la presencia española en el continente, apenas habían cuajado en la isla. La principal razón resultaba obvia. Cuba era una isla esclavista. La base de la producción azucarera, y por tanto de la riqueza de la oligarquía local, era la mano de obra esclava. Miles y miles de africanos habían sido asentados en el Caribe merced a un indigno tráfico (por cierto dominado por negreros catalanes, ya lo detallaremos en alguna entrada posterior). Los criollos cubanos ante el miedo a las grandes masas de esclavos africanos, y a que la independencia pudiera derivar en algún tipo de emancipación afrocubana se lo pensaron dos veces antes de clamar por ella.

Sin embargo, conforme avanzaba el siglo, el movimiento nacionalista cubano fue ganando fuerza. La cada vez más estrecha relación comercial de la isla con los emergentes Estados Unidos,  la abolición de la esclavitud en 1.886 y la consiguiente extensión del proletariado cubano supusieron puntos de inflexión. 

Para colmo de males, en 1.882 la burguesía catalana consiguió que se promulgara la Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas. Se trataba de una disposición proteccionista que pretendía garantizar el mercado cubano para los fabricantes peninsulares, principalmente catalanes, que  por entonces tenían serias dificultades para competir con la moderna y eficiente industria norteamericana.  Por esta Ley, los puertos de Cuba, Puerto Rico, y Filipinas, pasaban a ser de cabotaje y se establecía a las importaciones extranjeras un imponente arancel de entre el 40 y el 46%. 


Embarque de los voluntarios catalanes rumbo a la Guerra de Cuba
Luciendo barretinas y desplegando bandera española y entusiasmo colonialista

Obviamente, para la industria textil de Cataluña resultó un negocio redondo. Las exportaciones del sector algodonero se triplicaron entre 1.891 y 1.898. Por contra, las importaciones de manufacturas exteriores en Cuba se redujeron en un tercio entre 1.891 y 1.901. Se produjo, en definitiva, un desequilibrio evidente en el que los industriales proteccionistas peninsulares  fueron  beneficiados a costa de los ciudadanos cubanos, cuyos intereses pasaban por el librecambismo. Quedaban obligados a pagar un sobreprecio por comprar los bienes que precisaban.

Como cabía suponer, los efectos de la Ley de Relaciones Comerciales no se hicieron esperar. El malestar de los cubanos se reflejó en un un aumento sensible de los partidarios de la independencia. Ante esta situación, se alzaron voces razonables a favor de la concesión de una autonomía, punto clave de la cual sería la relajación de la política proteccionista. Pero tal solución de compromiso contaba con la oposición cerrada tanto de los sectores más ultras como de la burguesía textil catalana, por lo que nunca terminó de llevarse a cabo. 

En sentido contrario (y razones había para ello) el apoyo en Cataluña al mantenimiento del status quo colonial era abrumador. Ya cuando estalló la primera de las guerras de independencia cubana, la denominada Guerra de los Diez Años (1.868-1.878)  se sucedieron en Barcelona las muestras de apoyo al gobierno y al ejército, incluyendo el alistamiento de un cuerpo de voluntarios. Los gastos de enganche del mismo serían sufragados mediante suscripciones populares iniciadas por la Diputación de Barcelona. En el momento en el que el Gobierno Central, partidario en aquel momento de buscar una solución negociada, trató de suspender el alistamiento, la Diputación amenazó con dimitir en bloque. El gobierno dio marcha atrás, y los jóvenes catalanes partieron a combatir a la manigua cubana, convenientemente equipados, eso sí, con las tradicionales faja y barretina del país.  Fueron agasajados y despedidos por las autoridades barcelonesas entre el entusiasmo patriótico de la población. Llegados a La Habana, el dramaturgo y político Francisco Camprodon Lafont, natural de Vic, les recibiría con estos patrióticos versos en lengua catalana.

Porti l´vent á terra lluña
lo crit de terra germana:
los españols de l´Habana
saludan á Cataluña.
Si la traició refunfuña
esperant vencer; s´engaña:
gent de la nostra calaña
no agarra l´fussel en vá:
Cuba no s´pert, ni s´perdrá
es de España y ¡viva España!

Los batallones de voluntarios catalanes llegarían a sumar la muy respetable cifra de 3.600 soldados. En su financiación colaborarían distinguidos miembros de la burguesía catalana como Claudio López Bru o Salvador Sañá. Y no nos extraña. Ya en 1.872 el Diario de Barcelona preguntaba sin medias tintas:
¿Quién consumiría lo que Cataluña produce si las Antillas dejaran de ser españolas? ¿A dónde irían nuestros vinos, nuestros aceites, los productos todos de nuestra agricultura y de nuestra industria?
Mientras, en Cuba, los levantamientos y choques armados se sucedían, y miles de reclutas fueron enviados desde la península para intentar dominarlos. Curiosamente, la extensión de la guerra no dejó de suponer también, de rebote, un lucrativo  negocio para el sector textil catalán en forma de uniformes militares. Dividendos que contrastaban sobremanera con las penosas condiciones que debían afrontar los soldados. Combatiendo en un clima tropical y faltos de pertrechos, se estima que la gran mayoría de las bajas fueron causadas por las enfermedades y las duras condiciones en las que luchaban, no por las balas enemigas.


 Caricatura patriótica aparecida en 1.896 en la revista catalana "La Campana de Gracia"
Un amenazante Tio Sam pretende poner sus malvadas manos sobre la Cuba española

Después de la entrada de Estados Unidos en la  guerra en 1.898 la situación bélica varió por completo. La flota española fue derrotada en Cavite y Santiago de Cuba y tras algunos combates en tierra, España pidió la paz. Esta se firmaría en diciembre de ese mismo año y supondría la independencia de Cuba y la cesión a E.E.U.U. de Filipinas, Puerto Rico, y la isla de Guam.

Tras el desastre del 98, y la consiguiente  pérdida de las colonias, nada volvió a ser igual en la península. Concretamente, en Cataluña, la burguesía algodonera, resentida por la pérdida del suculento mercado cubano, se volcó hacia el catalanismo. Éste enseguida abandonó su regionalismo originario para conformar un nacionalismo mucho más radical, reivindicativo y opuesto a España. Y el apelativo "imperialista" pasó a constituir uno de los venablos preferidos dentro de su extenso arsenal de improperios  hacia Castilla.  Los tiempos, efectivamente, habían cambiado.  

lunes, 13 de enero de 2014

La Leyenda Negra Catalana: Los Almogávares


Que caigas bajo espadas francas y en manos de catalanes
que te aten las manos con unas esposas y te estrujen el cuello con un garrote

La Maldición de la Abandonada. Balada Popular Griega


Dejábamos pendiente en una entrada anterior algún comentario más profundo sobre el imperialismo catalán. Al mismo tiempo que desde su nacionalismo se suele despreciar continuamente el pasado de Castilla calificándolo como expansionista y contrario al supuesto carácter dialogante y pacífico de Cataluña, se admiran y alaban las conquistas de  reyes y soldados catalanes en Italia y Grecia. Curioso doble rasero.  Hoy repasaremos  las campañas de los almogávares, mito romanticista evocado con frecuencia desde el catalanismo con notas tan laudatorias y rimbombantes como estas de Víctor Balaguer en su Historia de Cataluña:
Aquellos hombres que venían de hollar con planta indiferente los sitios donde un día se alzara Troya, héroes a su vez de una epopeya como la que inmortalizó Homero, iban a despertar con el rumor de sus pisadas y el acento de un lenguaje desconocido los ecos de las Termópilas, los huesos de cuyos defensores debieron estremecerse al sentir que por allí pasaban otros héroes.
Los almogávares  eran una tropa mercenaria compuesta principalmente por catalanes y aragoneses que, endurecidos en la guerra contra los sarracenos, fueron posteriormente utilizados  en Sicilia. Más tarde, y ante la situación de debilidad de Bizancio,  el emperador Andrónico II Paleólogo decidió contratar a estos mercenarios  para enfrentarles a sus enemigos turcos. Ya adelantamos que terminaría lamentando esta decisión.  El ejército almogávar  combatiría bajo las órdenes de Roger de Flor y estaría compuesto por unos 7.000 guerreros. La "Gran Compañía Catalana" llegó a Costantinopla en 1.303 y en seguida tuvo lugar la primera matanza. No de  turcos, sino de miembros de la colonia genovesa de la ciudad, a la que diezmaron en lo que se conoce como la "masacre de los genoveses".

Los Almogávares en el campo de batalla
(La epopeya de los almogávares vista desde Cataluña)

Tras aquella dudosa gesta, desembarcaron en Anatolia. Allí atacaron por sorpresa un campamento turco en Cizico. Invernaron en la zona (mientras la saqueaban) y posteriormente derrotaron nuevamente a los turcos  en Germe y Aulax. Ocuparon la ciudad bizantina de Magnesia (lo que como podemos imaginar no sentó nada bien en Costantinopla) y la convirtieron en su base.  Siguieron más victorias en Tira,  Ania y el monte Tauro, tras lo cual el emperador convenció a Roger de Flor para que retornaran a Europa. El nuevo objetivo era que ayudaran a mantener en el trono  búlgaro a un príncipe aliado suyo.

Pero la indisciplina y los estragos que iban causando los almogávares a su paso por Grecia les granjearon el odio de sus habitantes. Además, las victorias frente a los turcos, encaminadas sobre todo a la toma de botín, se habían saldado sin ningún avance territorial para los bizantinos. Todo ello terminó por convencer a Andrónico II de que la  Compañía, más que una ayuda, suponía una peligrosa amenaza para su país.  

En esta tesitura, el hijo del emperador ordenó el asesinato de Roger de Flor y algunos de sus hombres durante un banquete en Adrianápolis. Los mercenarios, sin embargo, consiguieron rehacerse y derrotar a los bizantinos en Apros. Desencadenaron entonces un terrible torbellino de destrucción  y crueldad que pasará a la historia como  "la venganza catalana". La debilidad del Imperio Bizantino le impide expulsarlos, por lo que se instalan en la península griega y toman el control de los ducados de Atenas y Neopatria, donde se mantendrán  hasta finales del siglo XIV.

Pasado el tiempo, la aventura de los almogávares en los Balcanes y Anatolia será recordada desde Cataluña de una manera tremendamente elogiosa por la historiografía nacionalista, que destacará el valor de la "Gran Compañía Catalana", el carácter intrépido de sus componentes, así como las muchas y meritorias victorias cosechadas ante turcos y bizantinos.  Aunque a veces en la alabanza se llegue a extremos tan surrealistas como estos versos del sacerdote catalanista Jaume Collell: 

Y penjant les ascones sanguinoses
l'endemá aquells valents, lleugers de peus,
ab les dones del Ática amoroses
ballaven la sardana als Propileus 
Algo así como:
Y colgando las lanzas sanguinolientas
al día siguiente, aquellos valientes, ligeros de pies
con las mujeres amorosas del Ática
bailaban la sardana en los Propileos

Pero naturalmente los pueblos de los Balcanes mantienen una visión muy diferente, y desde luego menos festiva de aquellos hechos. En lo que vendría a ser la otra cara de la moneda, cronistas bizantinos como Nicéforos Gregoras y Jorge Pachimeres remarcaron el salvajismo de aquellos guerreros que arrasaron Grecia en el siglo XIV. Y en la cultura popular de aquellas tierras quedaron sobradas muestras del resentimiento provocado por la crueldad de la horda mercenaria. 

En este sentido, la expresión "catalán" e "hijo de catalán" son equivalentes en Bulgaria a hombre malvado y torturador. Incluso uno de los más famosos escritores del país, Ivan Vazov, citó en el poema "Piratas" (1915) a los catalanes junto a los turcos como opresores históricos del país.

Para los albaneses, catalán es sinónimo de persona fea y malvada, y en su folklore el "Katallan" es una especie de hombre del saco, que se utiliza para meter miedo a los niños. El Katallan es representado como un herrero monstruoso que se alimenta de carne humana, sin rodillas, y con largas piernas.

El Katallan, personaje  del folklore albanés
(La epopeya de los almogávares vista por los balcánicos) 

En Grecia, por su parte, abundaron los refranes y dichos demostrativos del rencor hacia los catalanes. "Huir de los turcos para caer en los catalanes" sería el equivalente en ciertas regiones del castizo "salir de Málaga para meterse en Malagón". También eran habituales maldiciones del tipo  "¡Así te alcance la venganza de los catalanes!"

No todas las expresiones tenían que ver con la crueldad. También las había que hacían referencia al poco espíritu cristiano que se atribuía a los invasores, del tipo  "el catalán come carne hasta en viernes santo" o "ayuna como el catalán" en referencia a quien no ayuna.

Curiosamente, otras se burlaban de la supuesta suciedad de los catalanes, (ciertamente el ejército almogávar no debía destacar por su higiene): "el griego se lavaba y el catalán se enmerdaba". Había hasta cierta cancioncilla infantil sobre el tema:
Francos, varegos,
"pechos" catalán,
te lavas, te peinan,
y con mierda te rebozas

Y aunque podríamos añadir unas cuantas más, creemos que bastan estas citas para dejar bien claro que ni los almogávares eran los idílicos  guerreros que recrearon las crónicas catalanistas, ni los castellanos han sido los únicos españoles que protagonizaron violentas empresas conquistadoras allende los mares.