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sábado, 1 de noviembre de 2014

Castellanofobia: Valentí Almirall


España se ha ido empequeñeciendo desde que las circunstancias hicieron que la raza menos pensadora y menos ilustrada de la Península fuera la que dominase.
Valentí Almirall. Lo Catalanisme


Valentí Almirall i Llozer (1.841-1.904) fue un político, periodista y escritor barcelonés. Nació en el seno de una pudiente familia dedicada al comercio. Y como además fue agraciado con varias herencias, pudo dedicarse a la política sin ningún tipo de preocupaciones económicas.

Su figura ha sido muy exaltada por el nacionalismo catalán actual, en lo que seguramente no es ajeno el hecho de que Almirall fuera ideológicamente progresista y laico, en contraposición al catalanismo mayoritario en su época, esencialmente conservador y con fuertes raíces en el carlismo y el integrismo católico. El perfil  de Almirall es ciertamente mucho más asumible por los nacionalistas actuales que el de sus contemporáneos los clérigos Mateu Bruguera y Jaume Collell o el obispo Torras i Bages.

Valentí Almirall. Pasó del federalismo al catalanismo...y enseguida asomó el anticastellanismo.

Fue en todo caso un hombre contradictorio, tal y como podría esperarse de alguien que compaginaba un enorme fervor republicano con el título nobiliario de barón de Papiol. Empezó su carrera política en el campo de los republicanos federalistas, que dirigía Pi i Margall. Tras el fracaso de la I República,  las desavenencias con el sector encabezado por su paisano le llevarían a abandonarlo junto con sus seguidores. Se tiende a considerar  que este acto constituyó el  nacimiento del catalanismo político.

Mucho se ha escrito sobre las razones que impulsaron a Almirall a dar este paso. No faltan historiadores nacionalistas que quieren achacarlo exclusivamente a diferencias personales y de carácter entre ambos. Sin embargo, es evidente que los aspectos ideológicos desempeñaron un papel fundamental en la ruptura. 

Y más concretamente,  el concepto de la "raza".  Pi i Margall, desde su federalismo progresista, no extrae de las posibles diferencias raciales entre los pueblos ninguna consecuencia política. Valentí Almirall en cambio, sí. Se entiende pues el interés por parte del moderno nacionalismo catalán en pasar de puntillas sobre esta incómoda cuestión.  

El escritor castellanófobo Pompeu Gener explicaría con claridad el viraje ideológico de su amigo Almirall:
(...)  y vimos cómo se determinaban las naciones y las diferencias que de raza a raza había. Y viajando por Suiza y por Alemania comprendimos aquellas confederaciones como aglomerados de hombres que sólo los separan pequeñas diferencias de raza, pero todos, al fin y al cabo, arios. Almirall vino a Suiza por nuestro consejo, y de allí salió ya completamente catalanista y desfederalizado. 
Lamentablemente, sabemos ya por experiencia que al catalanismo exaltado suele acompañarle como negra sombra el anticastellanismo. Y en este sentido  Almirall no fue una excepción. En 1.886 publicó "Lo Catalanisme", considerado un clásico de este movimiento, la obra que sentó sus bases. En él expuso que los españoles se dividen en dos grandes grupos. El primero,  "el castellano o central-meridional"
bajo la influencia de la sangre semítica que debe a la invasión árabe se distingue por su espíritu soñador, por su disposición a generalizarlo todo, por su amor al fausto, a la magnificencia y a la amplitud de las formas.
Por contra, el otro grupo, el "pirenaico" al que pertenecerían los catalanes:
Se muestra mucho más positivo. Su genio es analítico y rudo como el país que habita, va al fondo de las cosas sin pararse en la forma.
Y por si alguien aun no tiene claro cual de las dos es la raza mala, Almirall despeja todas las dudas con los siguientes "piropos":
Hoy en día la gente castellana, tomada en su conjunto formando un pueblo o individualmente está completamente decaída y degenerada, pero no ha perdido ninguna de sus condiciones características.
Sus ideales son tan raquíticos como su imaginación atrofiada. Sus abstracciones no pasan de paradojas, los medios son bastos y de baja ley. Inepta para toda empresa positiva, vegeta en la miseria moral y material y aquella raza, una de las más simpáticas de las que pueblan Europa a pesar del desequilibrio de sus facultades, ha descendido hasta ocupar uno de los últimos lugares en el mundo civilizado.
Popularizó también D. Valentí uno de los clichés mas manidos de la castellanofobia, que se repetirá posteriormente hasta la saciedad. Nos referimos a la identificación de Castilla con Don Quijote. "¿Puede darse un tipo más genuinamente castellano?" llegará a proclamar, quizás porque todavía no existía el Institut Nova Historia para "descubrirnos" que Cervantes era  catalán. Un Don Quijote, por supuesto,  pintado desde el desprecio  y con los trazos más patéticos:
Débil de cuerpo pero todavía más de inteligencia y no obstante se siente con aliento suficiente para salir a combatir contra los mundos visibles e invisibles.
En 1.883 fue el encargado de redactar lo que posteriormente sería conocido como "Memorial de Agravios". Considerado otro hito del nacionalismo catalán, que lo presenta como su primer acto político, en realidad se produjo como respuesta a las conversaciones que mantenían España y Gran Bretaña al objeto de reducir los aranceles y avanzar en el librecambismo. 

Los industriales catalanes vieron el peligro evidente de perder el mercado cautivo español del que disfrutaban con la entrada de productos ingleses más económicos y de mejor calidad. Así que optaron por presionar y entregar en mano a Alfonso XII una extensa "Memoria en Defensa de los Intereses Morales y Materiales de Cataluña" (este era el nombre real del documento). En él, junto con demandas de más autonomía  y  muestras de amor a la unidad española, se incluían sobre todo peticiones de proteccionismo económico para sus negocios. Peticiones que fueron y han sido puntualmente atendidas por el Estado español, como quien dice, hasta prácticamente nuestros días.  

Fábrica catalana (1.929). Durante los siglos XIX y XX los industriales catalanes consiguieron que el Estado impusiera  fuertes aranceles a las importaciones, que  perjudicaron al resto de regiones y a los consumidores.

Este batallar a favor del arancel no deja de sorprender en un hombre de mentalidad moderna como Almirall, firme partidario del libre comercio... ¡excepto cuando  este  perjudicaba a Cataluña!. Más tarde trató de justificar su postura, y a pesar del sacrificio que en beneficio de los industriales catalanes estaban soportando los castellanos junto con los otros pueblos de España, no tuvo ningún escrúpulo en aliñar su argumentación con el anticastellanismo de rigor:
[en referencia a Gran Bretaña] Por la sólida política de sus gobernantes, por el patriotismo de todas las clases sociales, por el estado de avance y progreso que ha alcanzado en todas las ramas de la actividad, no ha de temer, sino que ha de desear la competencia [...]
Pero señores, ¡Qué diferencia de ellos a nosotros! A nosotros la naturaleza nos ha clavado en una península cuya raza dominante está prematuramente envejecida por una confluencia de causas históricas.  
Así que, por supuesto, Cataluña no es culpable de aprovecharse de la debilidad del Estado para conseguir leyes proteccionistas hechas a la medida de su burguesía industrial, que retrasan y arruinan el desarrollo de los demás. ¡Muy al contrario! Cataluña (¿como siempre?) es la víctima de la raza castellana, que ha envejecido prematuramente y ¿por qué no? también de la malvada naturaleza, que la ha "clavado" en la Península Ibérica junto a ella. Ejercicio ruin de malabarismo victimista que nos espantaría de no estar ya sobradamente acostumbrados.

En cualquier caso, Almirall fue poco a poco quedándose aislado y perdiendo apoyos en el seno del movimiento catalanista. Un movimiento que como ya dijimos, tenía por entonces un cariz reaccionario y católico con el que nuestro hombre no cesaba de chocar. Alguien definió certeramente la situación afirmando que el drama de Almirall consistía en ser "demasiado catalanista para los republicanos y demasiado republicano para los catalanistas". 

Como tantos otros nacionalistas catalanes, su ideario fue evolucionando y atemperándose con el tiempo. En el prólogo que redactó en 1.902 para la traducción castellana de "Lo Catalanisme"  se observa su posición ideológica en los últimos años. Renegaba de
esta generación de catalanistas que a fuerza de exageraciones patrioteras ha llegado a descubrir que ha de declarar bárbaros a los no catalanes, y aun a los que no piensan, hablan y rezan como ellos, aunque hayan nacido en Cataluña.
En hora buena que los separatistas por odio y malquerencia sigan los procedimientos que crean que mejor les llevan a su objetivo, pero no finjan, ni pretendan engañarnos. El odio y el fanatismo sólo pueden dar frutos de destrucción y tiranía. 
Llegó al punto de manifestar públicamente su decepción con el catalanismo definiéndolo como 
un arma de reacción contra toda idea moderna, tanto en el terreno político como en el social y religioso, absorbiendo casi todo el carlismo de Cataluña (...) No podemos permitir que él nos confunda. Antes que catalanes somos hombres.
Como cabía esperar, sobre esta  última etapa de su pensamiento se ha corrido un tupido velo y apenas es tenida en cuenta por los nacionalistas catalanes contemporáneos.  

sábado, 18 de enero de 2014

Castellanofobia: Sabino Arana


La irreligiosidad y la inmoralidad van cundiendo en nuestro pueblo por obra y gracia de la invasión maketa, de los maketos todos, llámense integristas o librepensadores, que van sustituyendo el carácter bizkaino con su propio carácter de suyo hipócrita y perverso.
Sabino Arana. Revista Bizkaitarra. 



Sabino Arana Goiri (1865-1903) fue el fundador del Partido Nacionalista Vasco. De familia carlista, desde muy joven su pensamiento, influenciado por el de su hermano Luis, evolucionó hacia un nacionalismo radical de corte independentista, barnizado además de racismo  e integrismo religioso.


 Sabino Arana Goiri, considerado el padre del nacionalismo vasco

Según la visión de Arana, España era una nación de la que Castilla, Cataluña, Galicia o Andalucía solo constituían regiones. Por contra, el País Vasco, Navarra y algunos pequeños territorios del suroeste de Francia formarían otra nación completamente diferenciada.  En ese sentido, el odio de los patriotas vascos, a diferencia de el de sus congéneres de Cataluña o Galicia, debería orientarse más hacia el conjunto de España que hacia una sola de sus regiones, en este caso la castellana.

La política catalana, por ejemplo, consiste en atraer a sí a los demás españoles; la bizkaina, v.gr., en rechazar de sí a los españoles, como extranjeros.
De hecho, más que dos naciones, para el fundador del P.N.V., españoles, (llamados despectivamente "maketos") y vascos constituirían dos razas diferenciadas y contrapuestas. El deber de los patriotas vizcaínos consistía no en facilitar la asimilación de los inmigrantes españoles, sino en impedirla como si fuera la mayor de las desgracias. Consideraba que habría de evitarse que aprendieran euskera, pues el dominio de la lengua vasca  significaría un paso importante para la integración de los "maketos", y por tanto para la contaminación de la raza.

En Cataluña todo elemento procedente del resto de España lo catalanizan, y les place a sus naturales que hasta los municipales aragoneses y castellanos de Barcelona hablen catalán; aquí padecemos muy mucho cuando vemos la firma de un Pérez al pie de unos versos  euzkericos, oímos hablar nuestra lengua a un cochero riojano, a un liencero pasiego o a un gitano, o cuando al leer la lista de marineros náufragos de Bizcaya tropezamos con un apellido maketo.
Si fuese moralmente posible una Bizkaya foral y euzkeldun (o con Euzkera) pero con raza maketa, su realización sería la cosa más odiosa del mundo, la más rastrera aberración de un pueblo, la evolución política más inicua y la falsedad más estupenda de la historia. 
El odio hacia los españoles que traslucen a menudo los escritos de Sabino Arana es ciertamente colosal. Sirvan unos pocos ejemplos para ponerlo de manifiesto:
Olvida esta tu lengua, sí. Pero si el maketo, penetrando en tu casa, te arrebata a tus hijos y tus hijas para quitar a aquellos su lozana vida y prostituir a éstas...entonces, no llores.
Tanto nosotros podemos esperar más de cerca nuestro triunfo, cuanto España se encuentre más postrada y arruinada.
La fisonomía del bizkaino es inteligente y noble; la del español inexpresiva y adusta. El bizkaino es de andar apuesto y varonil; el español, o no sabe andar (ejemplo los quintos), o si es apuesto, es tipo femenil (ejemplo, el torero). El bizkaino es nervudo y ágil, el español es flojo y torpe. El bizkaino es inteligente y hábil para toda clase de trabajos; el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos [...] el bizkaino es laborioso (ved labradas sus montañas hasta la cumbre); el español perezoso y vago...
Les aterra el oir que a los maestros maketos se les debe despachar de los pueblos a pedradas. ¡Ah la gente amiga de la paz...! es la más digna del odio de los patriotas. 
Pero aunque, como ya hemos dicho, la inquina de D. Sabino abarca el conjunto de lo español, no solo lo específicamente castellano, sabemos por experiencia que siempre que desde el nacionalismo periférico se reparten bofetadas, los castellanos tenemos muchísimas papeletas para recibirlas. Impresión que solo podría reforzarse al conocer la insultante etimología que se inventó nuestro hombre para la palabra "Castilla", a la que quería hacer provenir de "ke asto illa", y que se traduciría del euskera así como "(por el) humo asno muerto".
Lo que de bueno tiene el vasco no se lo debe a Castilla y sus hermanas. De lo malo, casi todo lo tiene de ellas recibido.
Porque el pueblo vasco tenía vigor sobrado y sobrada energía para ascender con paso firme la escala tendida desde su personalidad histórica [...] Pero absorbido y arrastrado por Castilla y sus hermanas, descendió en vez de levantarse y va aceledaradamente derrumbándose hacia su total ruina en vez de haberse encumbrado hasta lo más alto de la social felicidad.
Abandonad este léxico traído de Castilla, pues existe demasiado sabor de moro, color de sucio judío, de negro y de villano en esas tierras.
En cuanto a la discutible visión histórica de Arana, ésta lógicamente coincide  a la perfección con el dogma nacionalista. Parte primordial del mismo es la supuesta independencia medieval de las provincias vascas respecto a Castilla y Navarra. Así se explica el principio del fin de aquella primitiva arcadia vizcaína  a manos del  "virulento" reino castellano:
Llegó un tiempo (siglo XIV) en que el Señor de Bizcaya (Juan III) heredó el trono de Castilla, y con esto, comunicándose de continuo los bizcainos con los españoles, habría de ir inoculándose paulatinamente en el espíritu bizkaino el mortífero virus del españolismo, como el astro más grande le atrae al más pequeño que llegue a sus alcances.
Este tema, el origen de los privilegios vascos como concesiones reales y no como  pretendidos pactos entre estados presuntamente independientes, ya lo hemos abordado suficientemente en las dos entradas anteriores que dedicamos a Juan Antonio Llorente. Como cabía sospechar, el historiador riojano no gozaba precisamente de las simpatías de D. Sabino:
A un conspicuo masón le encargó la España de principios de este siglo la refutación de la independencia histórica de nuestra patria: al canónigo Llorente.
La influencia de la vida y obra de Sabino Arana Goiri sobre el nacionalismo vasco posterior es incalculable. Por más que el signo de los tiempos haya obligado a arrinconar los conceptos raciales y religiosos más exaltados de su fundador, no cabe dudar de la vigencia de muchas de sus teorías y opiniones en el ideario del P.N.V. y del universo "abertzale" en general. 

Estatua a Sabino Arana en los Jardines de Albia, Bilbao
Enfrente está Sabin Etxea

En la actualidad, la memoria de Arana continua siendo celebrada y homenajeada a lo largo de toda la geografía de Euskadi,  con multitud de estatuas y calles a su nombre. La sede central del Partido Nacionalista Vasco se encuentra  en el solar de su antigua casa familiar y es denominada precisamente "Sabin Etxea", es decir, "la casa de Sabino".


martes, 14 de enero de 2014

Castellanofobia: Pompeu Gener

Ni Madrid ni el centro de las Castillas son lugares a propósito para la capital de una nación civilizada. La inteligencia tiene que funcionar mal por la deficiente nutrición del cerebro. Así todas las concepciones que de allí nos vienen son raquíticas.
Pompeu Gener. Heregias


Pompeu Gener i Babot (1.848-1.920) conocido como "Peius", fue un periodista y escritor barcelonés. En su juventud simpatizó con el republicanismo federalista, pero posteriormente fue derivando hacia un catalanismo con tintes racistas. Vivió largas temporadas en París donde trabó contacto con los ambientes intelectuales y literarios franceses. Hombre bohemio y de carácter pintoresco, terminó ejerciendo de funcionario en el Ayuntamiento de Barcelona merced a unos amigos que tuvieron la consideración de enchufarle allí. Según se cuenta, el único día en el que hacía acto de presencia en la oficina era precisamente el día de cobro.

En 1.887 publicó "Heregías. Estudios de Crítica Inductiva Sobre Asuntos Españoles", obra que retomará y ampliará en 1.903. En este libro  expondrá sus teorías raciales, basadas en la afirmación de que mientras en la España al sur del Ebro dominaban los elementos semíticos y  negroides,  en Cataluña predominaban los arios.
En España, la población puede dividirse en dos razas. La aria (celta, grecolatina, goda) o sea del Ebro al Pirineo; y la que ocupa del Ebro al Estrecho, que, en su mayor parte, no es aria sino semita, presemita y aun mongólica [gitana].
Pompeu Gener. Combinó catalanismo, racismo y anticastellanismo. No sería el único caso.

Repartidas de esta guisa las razas por la península, resulta fácil adivinar donde sitúa Gener a los hispanos  decadentes y donde a los triunfadores, donde  a los inferiores y donde a los superiores. Efectivamente, han acertado. 
[la raza que] proporciona la mayoría de funcionarios, de adeptos, y de gente que acata y sufre resignada esa máquina dificultativa del funcionamiento administrativo-gubernamental, es la raza del Ebro al Estrecho de Gibraltar, castellanos, andaluces, extremeños, murcianos etc.
Y es que, según Gener, con estos mimbres raciales resulta inviable cualquier intento de modernizar España:
Hay demasiada sangre semítica y bereber esparramada (sic) por la península para que pueda generalizarse en la mayoría de sus pueblos la ciencia moderna, para que adquieran una conducta conforme a las universales relaciones de la Naturaleza, para que abandonen el pensamiento con ideas absolutas, o solo con palabras. [...] España está paralizada por la necrosis producida por la sangre de razas inferiores como la Semítica, la Bereber y la Mongólica, y por espurgo que en sus razas fuertes hizo la Inquisición y el Trono, seleccionando todos lo que pensaban, dejando apenas como residuo más que fanáticos, serviles e imbéciles. La comprensión de la inteligencia ha producido aquí una parálisis agitante. Del Sud al Ebro los efectos son terribles; en Madrid la alteración morbosa es tal que casi todo su organismo es un cuerpo extraño al general organismo europeo.
Pero no todo está perdido en la península. Como dijimos arriba, hay un rincón en el que aun resiste una raza aria susceptible de encarnar la ciencia, el arte moderno y el espíritu europeo. Naturalmente nos referimos a la "raza catalana":
La raza [catalana] continuamente cruzada con otras europeas, se ha mejorado. Los cruces con razas afines superiores pertenecientes al mismo grupo se sabe que son altamente beneficiosos. Al contrario, con razas inferiores, de otros grupos divergentes, dan productos híbridos, estériles.
Todas las observaciones que hemos hecho, así etnográficas como filológicas y geográficas nos indican que la energía, el vigor y la dureza de la literatura catalana provienen de la raza y del medio. Los elementos de la raza catalana son, prescindiendo del elemento autóctono primitivo, el celta, el griego, el romano, el godo y por fin el franco. Razas fuertes, inteligentes, enérgicas.
La contraposición entre la superior raza catalana y la degenerada y decadente raza castellana se convierte así en el motivo que nuestro hombre estampará una y otra vez, machaconamente. He aquí un par de ejemplos:
España mira hacia abajo. Lo que aquí priva son las degeneraciones de esos elementos inferiores importados del Asia y del África. Ellos son los que predominan, ellos los indispensables para ocupar los puestos elevados, para formar parte de una aristocracia política y literaria que las más de las veces solo es de la inferioridad. Diríase que al echar a los moros, los astures y los castellanos viejos á medida que avanzaban iban siendo presa del espíritu africano. Los sarracenos perdían pero ganaban influencia (...). Nosotros que somos indogermánicos, de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores
El problema está entablado entre la España Lemosina, Aria de origen y por tanto evolutiva, y la España Castellana, cuyos elementos Presemíticos y Semíticos, triunfando sobre los Arios, la han paralizado, haciéndola vivir sólo de cosas que ya pasaron.
Apunta también Gener en su libro una curiosa teoría que espantaría a muchos de los actuales simpatizantes del nacionalismo catalán, malacostumbrados a identificar Cataluña con progresismo y a Castilla con la reacción; y que asimismo recuerda demasiado a ciertas ideas que causaron furor en Alemania allá por los años 30 del pasado siglo. Para D. Pompeu, los castellanos están interesados en la igualdad y la democracia...¡por causa de su inferioridad!:
Así conviene á los centrales el socialismo nivelador, la democracia unitaria que prepara una raza de proletarios habladores y pobres de voluntad, hábiles, pero que tienen necesidad de quien les dirija y les mande, de jefes, de amo, en una u otra forma; en una palabra una raza de esclavos en el sentido más profundo de la frase.

 El ayuntamiento barcelonés tiene el gran detalle de honrar la memoria de Pompeu Gener con una recoleta plaza. Repleta de arbolado y muy cerca de la playita

En cambio, según nuestro hombre, los catalanes  están muy por encima de esa democracia "simétrica" tan grata a la raza de esclavos "mesetarios". Y si hacen falta más argumentos para justificar el aristocratismo catalán, se echa mano de algún concepto nietzscheano o incluso del refranero popular, y asunto solucionado:
Conocemos que somos Arios europeos y que como hombres valemos más en el camino del Superhombre. 
El proverbio más verdadero del país es el que dice que cada catalán tiene un rey en el cuerpo 
Cualquiera diría en fin que, para el autor, los castellanos son tan inferiores que apenas son capaces  de comer y reír:
En esta parte de España no se come, no se ríe no hay altas expresiones del espíritu. En cambio, se reza mecánicamente, se roba y se cumplen venganzas, y hay puñaladas por una friolera. Todo se cura con sangre en la España castellana.
Con todo, lo más surrealista de la obra de Pompeu Gener es cuando añade a sus teorías raciales consideraciones climáticas y geográficas. Así, la inferioridad de la raza castellana provendría no solamente de su composición étnica, sino también de "el excesivo calor y el extremo frío e [sic] las alturas yermas, los terremotos de ciertas comarcas, y sobre todo la sequedad del suelo".

Y es que según él, la altura a la que se encuentra Castilla sobre el nivel del mar se traducía en la ausencia de helio y provocaba una deficiencia nutricional en el cerebro. De ahí se derivaría la ineptitud de los castellanos para dirigir correctamente el gobierno:
El mal de España viene de que la raza que emprendió la unificación, fuera la castellana
La atmósfera madrileña "es pobre en Helio y Argón" y para colmo en sus aguas faltan el "Kriptón, el Neón y el Xenón", por lo que no estaría capacitada para ser la capital. A fin de cuentas, ¿qué se podía esperar de una ciudad como Madrid, que para más inri estaba "rodeada de desiertos arábigos"? 

El gran escritor y diplomático Juan Valera no dudó en responder con elegante sarcasmo a los crueles ataques:
Gener nos da por perdidos. Somos monos, somos presemitas descendientes de una gentuza infecta o plebeya... ¿Qué le hemos de hacer? ¿Cómo impregnar nuestro ambiente del ozono y del helio del que carece, según el señor Gener? Para nuestra circulación mental no hay vacuna que valga...
Por su parte, el filólogo y filósofo alemán Horst Hina, especialista en las relaciones culturales entre Castilla y Cataluña, tampoco puede evitar (desde la característica y reconocida lógica germana)  recurrir a la ironía cuando estudia la obra de D. Pompeu:
Decadente, sin cultura, ajena a la realidad, acientífica, supersticiosa, venida a menos, abandonada, indisciplinada: el sorprendido lector se pregunta como semejante Castilla pudo apoderarse de una Cataluña tanto más rica y fuerte.
Pero lo cierto es que en contra de lo que pudiera pensarse, las  teorías de "Peius" tuvieron un notable eco. Los ramalazos racistas se repetirán en distintos ideólogos del catalanismo, desde Almirall a Rosell i Vilar. Únicamente después de que con los nuevos tiempos fueran consideradas muy políticamente incorrectas, pasarían a un discreto y conveniente olvido.